La gente pasaba por mi lado como si yo no estuviera allí. Había un grupo de chicas coqueteando con un par de hombres mayores que acababan de invitarlas a una copa, dos chicos se besaban apasionadamente en el sofá que quedaba cerca de la entrada. La mayoría bailaban al son de aquella música atronadora. Otros iban y venían, luciendo sus cuerpos, sus vestidos recién estrenados, sus camisas limpias y su colonia de 60 euros. Aquello parecía una jungla, cada uno mostrando lo que mejor sabía hacer para ganarse el afecto de otros. Siempre vencería el más fuerte y el más guapo. Debería dejar de ver los documentales de la 2.
Estaba tan hipnotizada que no me percaté de que uno de los camareros llevaba un largo rato observándome.
- ¿Qué se supone que hace una chica como tú en un sitio como este sola?
- ¿Perdón?- Dije sobresaltándome y mirando detrás de la barra.
- ¿Alicia? ¿Eres tú?- Preguntó aquel extraño con los ojos totalmente abiertos, como si hubiera visto un fantasma.
- Sí, soy yo. ¿Quién…? ¡¿Lucas?!- No podía creer lo que estaba viendo.
Lucas, mi mejor amigo de la infancia, aquel con el que compartí mi primer beso, que me enseñó a montar en bici, que me acompañaba hasta casa todas las noches y que jugaba conmigo todas las tardes de verano. Aquel que abandoné para empezar mi nueva vida lejos de mi familia. Y ahora, después de 15 años, ahí estaba tan guapo como siempre, o más aún. Siempre había sido un niño delgaducho, pero esos ojos grandes y oscuros que iban a juego con su color de pelo siempre despeinado, y esa sonrisa que adornaba su cara en cada momento, le daban un aspecto realmente atractivo.
- ¡Dios mío! ¿Cuánto hace que no nos vemos?- Preguntó él sin dejar de mirarme de arriba abajo.- Estás guapísima.
- ¿De verdad lo crees? No estoy en mi mejor momento como para que puedas pensar eso.- Bromeé, y sonreí amargamente.
- Cerramos a las 4. ¿Crees que aguantarás para esperarme y que nos tomemos algo juntos?
- Creo que podré si me sirves uno de esos cócteles que tanto éxito tienen.
- Eso está hecho. Invita la casa. – Dijo mientras me guiñaba un ojo, como antiguamente.
Cuando todo el mundo se hubo ido y el local quedó vacío, Lucas se acercó a mí y se sentó a mi lado. Me dolían los pies de los tacones, así que intenté ponerme cómoda en aquel sofá azul que era tan incómodo.
- ¿Cómo has acabado aquí esta noche? Ni siquiera sabía que andabas por el pueblo.
- He venido para ver a mis padres y recoger unas cosas de casa. - Lo miré. El tiempo y la vida habían estado jugando una mala pasada con él.
- Pareces triste. ¿Quién te ha roto el corazón ahora?
- No quiero hablar de eso. Además, estoy borracha.- Reímos los dos y no se por qué le agarré la mano. Me sonrió.
Estuvimos hablando hasta el amanecer. Él me contó cómo se fue hacía unos años a estudiar Relaciones públicas. Luego dejó la carrera porque su madre calló enferma cuando murió su padre, y ahora trabajaba en aquel pub para sacarse unas pelas.
Yo le conté lo bien que me iba trabajando en lo que me gustaba, el periodismo. Y lo mal que había ido siempre mi vida sentimental. Después recordamos cuando íbamos las tardes de agosto a bañarnos al riachuelo de al lado de casa. Miré mi reloj y me di cuenta que era tarde.
- Debo irme. Estoy cansada y mis padres se preguntarán dónde me he metido. He salido sola, así que no me extraña que se piensen que me han raptado.
- Tu madre siempre tan obsesiva. –Rió.
Nos quedamos mirándonos, tan cerca que sentía como se aceleraba su respiración. Lentamente me acarició la mejilla y posó sus labios sobre los míos. Un cosquilleo recorrió mi estómago durante 1 segundo. Aparté mis labios de los suyos, y quité su mano de mi cara.
- Me voy a casa Lucas. Es tarde. Gracias por todo. Me alegro que estés bien.- Dije, poniéndome a prisa los zapatos. Me levanté y me dirigí torpemente hacia la puerta. Él me cortó el paso.
- ¿Te vas a ir sin más? Quiero verte mañana.
- No puede ser. Me vuelvo mañana a Madrid.
- ¿Es que no has sentido eso?
- Mira Lucas, las cosas no son como antes, ¿vale? Tenemos 28 años, vidas distintas. Tú sigues en el pueblo y yo me mudé a la gran ciudad. Me acaban de romper el corazón y de lo que menos tengo ganas es de arrastrar conmigo a nadie a mi vacío sentimental. Olvídate de mí porque nunca fui ni seré buena para ti.- Le di un beso en la mejilla y salí a la calle.
Lo último que recuerdo fue su cara de decepción, una sonrisa amarga y un brillo triste en sus ojos. Después solo sé que el frío de la mañana me cortaba la piel, mientras corría hacia mi casa descalza y las lágrimas brotaban de mis ojos igual que lo hicieron la noche en la que, hace 15 años atrás, le rompí el corazón a aquel mismo chico.
Cuando llegué a casa mis padres aún estaban durmiendo. Me di una ducha de agua caliente que reconfortó mi cuerpo, pero no mi alma. Me puse mis vaqueros, mis botas marrones altas y un jersey de lana que tenía en el armario. Recogí mis cosas y bajé a la cocina. Mientras el olor a café inundaba la estancia, tomé bolígrafo y papel y escribí una carta a mis padres. Los ojos se me cerraban, el sueño podía conmigo, pero no pensaba quedarme en casa más tiempo. Terminé el café de un sorbo y cogí mi maleta.
Cuando cerré aquella puerta y monté en el coche, miré hacia atrás, prometiéndome que pasaría mucho tiempo hasta volver a aquel lugar.
Casper
Creo que es la primera parte de un mini relato. Tengo más ideas para continuar la historia, así que puedo decir que continuará... :)
Casper
Creo que es la primera parte de un mini relato. Tengo más ideas para continuar la historia, así que puedo decir que continuará... :)

