Aquí empieza nuestra historia compartida. Una historia que iremos escribiendo entre mi querida amiga Angie y yo. Os informo que el comienzo de la historia está en el blog "Recortes, escrituras y demás" ( http://cajitaderecortes.blogspot.com/ ). Siempre escribirá ella una parte en su blog y yo seguiré mi parte en el mío. Espero que disfrute quien le apetezca parar un ratito para leer. Un saludo :)
2º capítulo.
Los rayos del sol entraban por las rendijas de mi persiana e iban directamente a mis ojos, incitándoles a abrirse en este nuevo día en el que ya era mayor de edad.
Lentamente fui despegándolos y desperezándome, alargué el brazo para coger el móvil de la mesita de noche y ver qué hora era. Las 12 del mediodía. Me parecía temprano aún. Mi boca estaba pastosa y tenía un dolor punzante en la cabeza. Había celebrado mi llegada a los 18 con demasiado entusiasmo… y alcohol. Había sido una noche estupenda llena de risas, amigos, bailes, música,… Hasta Rober pareció mostrar algún interés hacia mí. Recuerdo lo estúpida que me puse cuando me habló, cómo los colores subieron a mi mejilla en un tiempo récord, cómo balbuceaba... “Idiota”, pensé. Pero sabía que por mucho que Guille, mi amigo de toda la vida, me dijese que no era para mí, mi encabezonamiento era proporcional a lo ciega que estaba por aquellos ojos azules que me recordaban al mar en invierno.
Me di media vuelta sonriendo, dando la espalda al sol y disponiéndome a dejarme llevar por el sueño de nuevo, cuando algo vino a mi mente. La llave, el cofre sin abrir, mi pequeño misterio sin resolver. Recordé vagamente cómo había encontrado aquel colgante de bronce la tarde anterior. No podía ser una casualidad, la abuela siempre lo decía, “Las cosas pasan por algo niña, no por simple azar”. Me levanté de un salto y fui al baño a refrescarme la cara y beber agua. Me miré al espejo, tenía una cara horrible.
Cuando regresé, busqué la llave descubriendo que la había depositado sobre mi escritorio. Allí estaba, esperándome, expectante. La cogí y la examiné centímetro a centímetro. Era una llave pequeña, con la cabeza redonda y dos espirales en las que se enlazaba un diminuto lazo color oro. Era realmente bonita, pero con las prisas del día anterior no había reparado en ello.
Miré a la estantería y allí estaba él, aquel cofre también me esperaba, me llamaba. “Gabi, ábreme”.
Estaba realmente nerviosa, no sabría decir ni explicar el por qué. Solo era una caja que si seguía las pautas de lo demás que me había dejado mi abuela en herencia, solo contendría algún otro trasto inservible. Cogí aquel cofre con mucho cuidado, lo deposité en el escritorio y me senté en la silla. Observé con más detenimiento cómo la madera había sido tallada en una serie de formas que jugaban con la imaginación, y me di cuenta cómo se repetía en el candado el mismo lazo color oro que tenía también la llave.
Cogí la llave y con mucho cuidado me dispuse a introducirla en el cerrojo. Se oyó un “click” y el candado cedió. Me temblaban las manos. Lentamente levanté la tapa y miré en el interior, llevándome la mayor desilusión de alguien que espera encontrar un gustoso tesoro y se encuentra con el vacío. No había nada. Absolutamente nada en aquel cofre que parecía contener de todo menos olor a humedad. Prefería haberme encontrado más cajas de cerillas a aquel vacío inexplicable. Me quedé mirando el interior como si esperara que por arte de magia empezaran a salir monedas como en las películas de piratas. La madera estaba forrada con tela de fieltro rojo por dentro, pero ésta no tenía ni una mancha, ni un rasguño. Era como si nunca hubiese sido utilizada. “Al menos me servirá para guardar mi bisutería”, pensé, aunque la decepción era visible en mi rostro.
Fue al cerrarlo, cuando me di cuenta de algo. En la tapa, por dentro, tenía una pequeña chapa en la que había grabadas unas letras con una caligrafía al más estilo de la vieja usanza. Era latín.
- De-si-dium.- Pronuncié en voz alta.
De todo lo que sucedió en ese momento, solo tengo imágenes borrosas, pero recuerdo perfectamente cómo el miedo se apoderó de mí como nunca antes. De repente, la tapa del cofre se cerró de golpe. Una brisa suave se instaló en mi habitación moviendo las cortinas como si las meciera y un olor familiar inundó la estancia. Azahar, el olor de mi abuela.
Me levanté, y corriendo salí de allí y cerré la puerta. Mi corazón no paraba de latir a una velocidad extrema y un sudor frío me recorría la frente. Mi boca estaba seca, necesitaba agua. Bajé las escaleras a trompicones y llegué a la cocina. No esperaba encontrarme allí a mi madre cocinando. Me miró asustada cuando me vio aparecer.
- Gabi hija, ¿estás bien?
Como respuesta solo me salió ir hasta ella y abrazarla. Mi madre me miró preocupada, me tocó la frente.
- Estás blanca. ¿Qué ha pasado?
- Nada mamá. Una pesadilla horrible. Solo eso.
- ¡Qué susto me has dado hija!
Tardé en separarme de mi madre, como si ella pudiera protegerme de todos los peligros de la tierra con solo uno de sus abrazos, pero eso es lo que había creído siempre.
Después de beber agua y calmarme, pensé que lo mejor que podía hacer era contarle a alguien lo que me había sucedido, y quién mejor que Guille para desahogarme, así que subí a por mi móvil.
No se cuántos minutos pude estar delante de la puerta de mi cuarto sin moverme, sin atreverme a dar un paso, sin poder girar la manivela para poder entrar.
Cuando me hube armado de valor e intenté convencerme de que quizás solo había sido una alucinación provocada por mi resaca y la falta de sueño que se adueñaban de mi cuerpo, entré en aquella estancia que ahora me inspiraba respeto.
Todo seguía igual. La cama deshecha, la ropa de la noche anterior esparcida por el suelo, el cofre cerrado. Las cortinas ya no se movían y el olor a azahar había desaparecido.
Me senté en la cama y pensé en todo lo sucedido. Cerré los ojos y noté cómo la cabeza me daba vueltas. En realidad, si era mi querida abuela la que había querido venir a verme, no debería tener miedo. Sé que me cuidaba, lo sentía. Pero también sabía que tenía que averiguar el por qué de todo aquello.
Cogí el teléfono y busqué un nombre en mi lista de llamadas.
- ¿Si?- Una voz ronca sonó detrás del altavoz.
- ¿Te he despertado?
- Sí, pero bueno, mi madre vendrá a llamarme en cuestión de minutos. ¿Qué pasa?
- Tengo que contarte algo. Te necesito. ¿Quedamos esta tarde?
:)
uuuuuh esto se pone interesante maricasper! ;)
ResponderEliminarYeaah! ^^ Darle caña! estoy esperando la continuación!!!!!!!!!!! =)
ResponderEliminarSiii!! Ya está la continuación!! :D
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