8º Capítulo
Pasaron dos días después de aquella tarde con Guille en la que descubrí aquel gran secreto. Una boda anulada por mi propia abuela que dejó a aquel hombre solo ante el altar y con el corazón roto. Ni siquiera estaba segura de que todo aquello fuese verdad, o realmente sería que no quería darme cuenta de que estaba revelando un pasado oculto que nadie sabía o del que nadie había querido hablar jamás.
Pasé esos dos días preparando mi discurso, preparando aquella explicación que debía darle a mi tía omitiendo todo lo sobrenatural que había estado rondándome desde el primer momento en el que abrí aquel cofre de madera, aquel cofre que tenía una conexión con mi abuela desde el más allá.
A las 5.30 de la tarde me cité con mi tía en su casa alegando que quería hacerle un regalo a mi madre, y que quería que ella me aconsejara.
Cuando me hubo puesto una taza de café y un trozo de bizcocho de ese que ella sabía hacer tan bien, la miré a los ojos e inmediatamente supo que había ido a su casa con otra intención, igual que lo hubiera sabido mi madre.
- ¿Qué es lo que ocurre Gabriela?- Debió de leer la preocupación en mi cara.
- Tía, ya es hora de que hablemos de Eduard.
La reacción de ella no fue ni más ni menos la que yo me esperaba. Cerró los ojos en un intento de mantener la compostura y con la voz quebrada me dijo:
- Tienes todo el derecho a saber la verdad, pero antes dime cómo sabes el nombre de tu abuelo.
No tardé más de media hora en relatarle todo lo ocurrido desde el día en que tropecé y me topé con aquella llave. Aquella escapada a casa de mi abuela, las cartas, el anillo, la invitación, todo.
Mi tía escuchaba muy atenta e iba asintiendo sin interrumpirme, mientras los ojos se le llenaban de unas lágrimas que no llegó a derramar.
Al terminar no dijo nada. Se bebió el café de un sorbo y se levantó del sofá. Me hizo un gesto con la mano para que esperase sentada, y cuando regresó traía consigo una caja de zapatos.
- Nunca os hemos contado nada. Tu madre y yo decidimos guardar aquel secreto que atormentó a tu abuela durante años y que me reveló antes de morir, un día de esos en los que me tocaba a mí quedarme con ella en el hospital.
Yo también hice mis averiguaciones de niña, pero mi madre no habló de Eduard en todos los años en los que vivió. Para ella, aquel señor estaba muerto, y eso nos hizo creer a tu madre y a mí.
Un día, la descubrí llorando en su habitación y vi que leía una carta que se dispuso a guardar en un cajón de la mesita de noche. Ese día descubrí que mi padre estaba vivo y que se llamaba Eduard, leyendo aquella carta.
Mi tía se dispuso a abrir la caja que llevaba consigo y de ella extrajo recuerdos que hicieron que se moviera algo en mi estómago y se me formara un nudo en la garganta. Me enseñó fotos de Gabriela y Eduard de novios, en los que la sonrisa de mi abuela daba vida a la foto.
- Eduard sabía que existíamos y nos enviaba chocolates, juguetes, dinero,… Pero tu abuela se las ingeniaba para que todo aquello no llegara a nuestras manos, o si lo descubríamos, nos decía que eran regalos de nuestra familia de Barcelona.
Al crecer, intentamos olvidarnos de todo aquello y hacer como si nuestro padre no existiera. Teníamos todo lo necesario y tu abuela se encargó de que nunca nos faltara nada.
Nunca olvidaré aquella tarde en el hospital, dos días antes de su muerte.- Mi tía tragó saliva y se quedó mirando al infinito sin parpadear, como si estuviera rememorando la escena en su cabeza.- Me acuerdo que me hizo ir a tomarme una tila porque decía que lo que tenía que contarme era algo que no me creería fácilmente y que seguramente saldría huyendo de aquella habitación avisando a la enfermera de que su madre había perdido la cabeza.
Despacio, empezó a relatarme todo lo que ya sabes, sin dar demasiados detalles. Eduard le había sido infiel con Nuria y ella decidió que nunca más quería volver a verlo. Hasta ahí todo fue creíble, Gabi.- Me miró y pude sentir miedo en su mirada.- No sé si lo sabes, pero tu abuela había sido curandera cuando era joven. Se relacionaba con una mujer amiga de tu bisabuela, que le enseñaba a mezclar hierbas para quitar los dolores a gente enferma mientras recitaba unos cánticos extraños. Mi abuela decía que ella tenía un don. Un día, esa mujer, Antonia, la llevó a ver a una vieja sabia para comprar algunas cosas que necesitaban. Aquella vieja tenía fama de bruja en la ciudad y decían que leía el futuro en los ojos de la gente, y que todo lo que pronosticaba se cumplía. Tenía muchas visitas al día, la gran mayoría de mujeres que querían ver si podían tener niños o maridos que querían saber si sus mujeres les eran fieles.
Tu abuela dejó que se lo leyeran. Según ella, una extraña energía se apoderó de su cuerpo cuando aquella mujer la tocó, y entró en una especie de trance en el que vio pasar imágenes de su futuro y supo que debía dejar a Eduard. Para ella, desde aquel día ya no volvió a ser la misma. Después de aquello, aquella mujer le vendió el cofre que años después tu abuela se empeñó en que tuvieras tú.- Mi tía rió con desgana y negó con la cabeza.- Como podrás imaginar, no me creo mucho de aquella historia Gabi. Para mí que mi madre quiso dejar a aquel hombre por aquel motivo, sin nada de magia extraña de por medio, y al estar tan dolida no quiso que supiésemos de la existencia de nuestro padre.
Nos quedamos calladas. Mi mente intentaba asimilar todo aquello que me tía me acababa de relatar.
- Tía, y… ¿Qué sabéis de Eduard? ¿No habéis intentado hablar con él?
- Mi supuesto padre está muerto cariño, o eso fue lo que tu abuela me dijo aquel día.
A mí había algo que no me encajaba pero supe que mi tía no me estaba ocultando nada.
- Solo quiero que sepas que tu madre y yo hemos querido protegeros estos años de una historia que nadie sabe si realmente es la verdadera. Tu abuela nunca quiso que supiésemos que ese hombre existía, y tendría sus motivos, espero que lo entiendas tú también como nosotras lo entendimos en su día.
Y ya que sabes todo esto, te pediría por favor que guardases en un sitio seguro todo lo que tienes de tu abuela.
- Claro tía. Muchas gracias por todo.
- Sabíamos que algún día creceríais y tendríais curiosidad por saber.- Me sonrió con dulzura y me pasó la mano por el pelo.- ¿Quieres esperar a tus primos y quedarte a cenar?
- No, me voy a casa, pero gracias.
Cuando llegué a casa me tumbé en la cama a pensar. Todo aquello era extrañísimo y más si mi abuela había querido que tuviese un cofre con poderes de una bruja, eso significaba algo.
Aún quedaban piezas sin encajar en mi puzzle.
Llamé a Guille para contarle todas mis averiguaciones.
- ¿Y ya está? ¿No saben nada de tu abuelo? Venga ya Gabi, no me lo creo.- Mi amigo había estado callado mientras le relataba la tarde con mi tía.
- Pues sí, a mí me faltan cosas por saber, pero no sé… En realidad creo que ellas no saben nada más de Eduard que lo que les contó mi abuela y lo poco que averiguaron de pequeñas. Mi tía sonaba sincera.
- ¿Y si…?
- ¿Qué?
- El hermano de tu abuela, Daniel, ¿sigue vivo verdad? ¿Por qué no le hacemos una visita mañana? Si quieres te acompaño.
- ¡Guille eres genial! Gracias por la idea. ¡Vaya! ¿Cómo no se me había ocurrido antes? Si él fue uno de los intermediarios, el único que sigue con vida, sabrá dónde vivía mi abuelo.- Me dieron ganas de decirle que lo quería locamente y que ya podíamos casarnos, pero me figuré que me tomaría por una loca.
- Exacto. Esto está empezando a gustarme. ¡Menuda tienes liada!
Reímos los dos.
- Por cierto, ¿has mirado el Facebook? Jorge, el novio de Marta, da una fiesta en su casa el fin de semana que viene, y estamos todos invitados. Por lo visto se queda solo y quiere liarla. Será una auténtica fiesta veraniega de adolescentes desfasados.- Rió y los dos nos imaginamos la que se podría liar.
- Genial, necesito quitarme de la cabeza todo este lío.
- ¿Nos vemos mañana para ir a ver a tu tío a la residencia entonces?- Guille había empezado a tomarse en serio todo aquello y supe que me ayudaría en lo que me hiciera falta.
- Recógeme a las 6 que le hagamos una visita a mi querido tío Daniel.
- Eso está hecho.
Colgué el teléfono y nos imaginé a los dos como Sherlock Holmes y su inseparable Watson, trabajando codo con codo, y pensé que no estaría mal que Sherlock fuese de tiendas y buscara algo para deslumbrar a Watson el día de la gran fiesta de verano.
Querida Angie, todo tuyo :)
La historia continúa en: http://cajitaderecortes.blogspot.com/
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