Hago y escribo lo que me sale y me viene en gana.

domingo, 24 de julio de 2011

Los sonidos del pasado.

La música sonaba demasiado alta, era ruido para mis oídos, pero no me importaba. No sé ni siquiera cómo había llegado a aquel lugar. Pedí un vodka con coca-cola y observé cómo se producía la mezcla, cómo la coca cola invadía el espacio y los dos líquidos se mezclaban formando espirales. Tomé un sorbo y cerré los ojos. Bajó por mi garganta hasta llegar a mi estómago y quemar mis paredes. Estaba fuerte.
La gente pasaba por mi lado como si yo no estuviera allí. Había un grupo de chicas coqueteando con un par de hombres mayores que acababan de invitarlas a una copa, dos chicos se besaban apasionadamente en el sofá que quedaba cerca de la entrada. La mayoría bailaban al son de aquella música atronadora. Otros iban y venían, luciendo sus cuerpos, sus vestidos recién estrenados, sus camisas limpias y su colonia de 60 euros. Aquello parecía una jungla, cada uno mostrando lo que mejor sabía hacer para ganarse el afecto de otros. Siempre vencería el más fuerte y el más guapo. Debería dejar de ver los documentales de la 2.
Estaba tan hipnotizada que no me percaté de que uno de los camareros llevaba un largo rato observándome.
-          ¿Qué se supone que hace una chica como tú en un sitio como este sola?
-          ¿Perdón?- Dije sobresaltándome y mirando detrás de la barra.
-          ¿Alicia? ¿Eres tú?- Preguntó aquel extraño con los ojos totalmente abiertos, como si hubiera visto un fantasma.
-          Sí, soy yo. ¿Quién…? ¡¿Lucas?!- No podía creer lo que estaba viendo.
Lucas, mi mejor amigo de la infancia, aquel con el que compartí mi primer beso, que me enseñó a montar en bici, que me acompañaba hasta casa todas las noches y que jugaba conmigo todas las tardes de verano. Aquel que abandoné para empezar mi nueva vida lejos de mi familia. Y ahora, después de 15 años, ahí estaba tan guapo como siempre, o más aún. Siempre había sido un niño delgaducho, pero esos ojos grandes y oscuros que iban a juego con su color de pelo siempre despeinado, y esa sonrisa que adornaba su cara en cada momento, le daban un aspecto realmente atractivo.
-          ¡Dios mío! ¿Cuánto hace que no nos vemos?- Preguntó él sin dejar de mirarme de arriba abajo.- Estás guapísima.
-          ¿De verdad lo crees? No estoy en mi mejor momento como para que puedas pensar eso.- Bromeé, y sonreí amargamente.
-          Cerramos a las 4. ¿Crees que aguantarás para esperarme y que nos tomemos algo juntos?
-          Creo que podré si me sirves uno de esos cócteles que tanto éxito tienen.
-          Eso está hecho. Invita la casa. – Dijo mientras me guiñaba un ojo, como antiguamente.
Cuando todo el mundo se hubo ido y el local quedó vacío, Lucas se acercó a mí y se sentó a mi lado. Me dolían los pies de los tacones, así que intenté ponerme cómoda en aquel sofá azul que era tan incómodo.
-          ¿Cómo has acabado aquí esta noche? Ni siquiera sabía que andabas por el pueblo.
-          He venido para ver a mis padres y recoger unas cosas de casa. - Lo miré. El tiempo y la vida habían estado jugando una mala pasada con él.
-          Pareces triste. ¿Quién te ha roto el corazón ahora?
-          No quiero hablar de eso. Además, estoy borracha.- Reímos los dos y no se por qué le agarré la mano. Me sonrió.
Estuvimos hablando hasta el amanecer. Él me contó cómo se fue hacía unos años a estudiar Relaciones públicas. Luego dejó la carrera porque su madre calló enferma cuando murió su padre, y ahora trabajaba en aquel pub para sacarse unas pelas.
Yo le conté lo bien que me iba trabajando en lo que me gustaba, el periodismo. Y lo mal que había ido siempre mi vida sentimental. Después recordamos cuando íbamos las tardes de agosto a bañarnos al riachuelo de al lado de casa. Miré mi reloj y me di cuenta que era tarde.
-          Debo irme. Estoy cansada y mis padres se preguntarán dónde me he metido. He salido sola, así que no me extraña que se piensen que me han raptado.
-          Tu madre siempre tan obsesiva. –Rió.
Nos quedamos mirándonos, tan cerca que sentía como se aceleraba su respiración. Lentamente me acarició la mejilla y posó sus labios sobre los míos. Un cosquilleo recorrió mi estómago durante 1 segundo. Aparté mis labios de los suyos, y quité su mano de mi cara.
-          Me voy a casa Lucas. Es tarde. Gracias por todo. Me alegro que estés bien.- Dije, poniéndome a prisa los zapatos. Me levanté y me dirigí torpemente hacia la puerta. Él me cortó el paso.
-          ¿Te vas a ir sin más? Quiero verte mañana.
-          No puede ser. Me vuelvo mañana a Madrid.
-          ¿Es que no has sentido eso?
-          Mira Lucas, las cosas no son como antes, ¿vale? Tenemos 28 años, vidas distintas. Tú sigues en el pueblo y yo me mudé a la gran ciudad. Me acaban de romper el corazón y de lo que menos tengo ganas es de arrastrar conmigo a nadie a mi vacío sentimental. Olvídate de mí porque nunca fui ni seré buena para ti.- Le di un beso en la mejilla y salí a la calle.
Lo último que recuerdo fue su cara de decepción, una sonrisa amarga y un brillo triste en sus ojos. Después solo sé que el frío de la mañana me cortaba la piel, mientras corría hacia mi casa descalza y las lágrimas brotaban de mis ojos igual que lo hicieron la noche en la que, hace 15 años atrás, le rompí el corazón a aquel mismo chico.
Cuando llegué a casa mis padres aún estaban durmiendo. Me di una ducha de agua caliente que reconfortó mi cuerpo, pero no mi alma. Me puse mis vaqueros, mis botas marrones altas y un jersey de lana que tenía en el armario. Recogí mis cosas y bajé a la cocina. Mientras el olor a café inundaba la estancia, tomé bolígrafo y papel y escribí una carta a mis padres. Los ojos se me cerraban, el sueño podía conmigo, pero no pensaba quedarme en casa más tiempo. Terminé el café de un sorbo y cogí mi maleta.
Cuando cerré aquella puerta y monté en el coche, miré hacia atrás, prometiéndome que pasaría mucho tiempo hasta volver a aquel lugar.

Casper

Creo que es la primera parte de un mini relato. Tengo más ideas para continuar la historia, así que puedo decir que continuará... :)

1 comentario:

  1. Maridaaa!! Me gusta tu blog, iré aprendiendo de tí =) Pero hay una frase en tu blog con la que no estoy totalmente de acuerdo. Es esa que dice:

    "Mi vida no son teorías y fórmulas. Es instinto y sentido común."

    Sabes... muchísimas de las teorías y fórmulas salen gracias al instinto, de repente, y siempre con total sentido común sino las fórmulas no serían correctas. Es decir que si tienes instinto y sentido común tendrás maravillosas teorías y bellas fórmulas en la vida. =)

    Un besín pequeña Caspersilla

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